En los últimos años hemos oído
hablar mucho del big data y quizás
tengamos una ligera idea de qué es y para qué se usa. Lo que no todos sabemos
es el alcance que tiene y lo presente que está en nuestras vidas.
El sector de las TIC
(Tecnologías de la Información y la Comunicación) conoce bien el valor de la
recolección y almacenamiento de datos, información que será luego usada para
analizar el comportamiento de los usuarios y establecer patrones de conducta. A
través de estos patrones se pueden realizar predicciones de comportamiento y
así personalizar el mensaje que se quiere lanzar. Esta es la razón de que
veamos anuncios en nuestros dispositivos que parecen ahí puestos para nosotros,
de hecho lo están. Cuando hacemos uso de las tecnologías (redes sociales, correos
electrónicos, páginas web o incluso compras con tarjeta de crédito) estamos
generando información y ayudando a crear un perfil sobre nosotros que guiará lo
que veamos mientras navegamos por la red. Según Martin Hilbert, doctor en Ciencias
Sociales y Comunicación y asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de
Estados Unidos, sólo con tener la aplicación de Gmail en tu teléfono, se puede
establecer un mapa de los lugares donde has estado en los últimos 3 años,
pudiendo predecirse con un 90% de probabilidad dónde estarás en cada momento
del día el año siguiente.
El big
data es una herramienta sumamente útil y que tiene aplicación para múltiples
sectores (marketing, finanzas, industria, política, etc), con la que es posible
identificar problemas y oportunidades, y que ayuda a mejorar servicios. Grandes
empresas como Apple o Facebook o campañas políticas hacen uso de esta herramienta
para optimizar sus mensajes y llegar a un público más amplio. La campaña de Barack
Obama fue pionera en utilizar esta
tecnología en unas elecciones presidenciales, según Hilbert.
Pero las técnicas de este
eficiente modelo en ocasiones van más allá de nuestra comprensión. Realmente no
conocemos el uso que se está haciendo de nuestros datos ni con qué fin. Esa
intención de influir en la opinión pública y guiar nuestro comportamiento
provoca escepticismo en la sociedad, que puede llegar a sentir una invasión de
su privacidad. A la desconfianza se suman los escándalos relacionados con el
uso indebido de los datos por parte de empresas
conocidas. Es el ejemplo de Facebook.
Esta red social recopila información sobre los perfiles e intereses de sus
usuarios, y con esos datos establece un perfil sobre el usuario y muestra
anuncios personalizados en función de sus intereses. Martin Hilbert afirma que
si Facebook es una empresa con valor de billones de dólares, es por la
información que posee sobre sus usuarios.
El modelo de Facebook ha sido criticado y la compañía
y su CEO Mark Zuckerberg acusados de
comercializar con los datos de los usuarios viéndose involucrado en el escándalo
de malversación de datos de Cambride Analytica. La plataforma fue multada con
5.000 millones de dólares por permitir que esta empresa de marketing de big data hiciese
uso de los datos de 87 millones de usuarios para favorecer la campaña de Donald
Trump en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos.
La investigación periodística que
destapará a Cambridge Analytica
Empresas como Cambridge Analytica están especializadas en la recopilación y análisis de datos para campañas publicitarias y políticas. Su estrategia es crear perfiles psicológicos para buscar a las personas susceptibles de cambios de opinión y así influir en ellos a través de información segmentada. Una serie de investigaciones con cámaras ocultas revelaron las tácticas deshonestas que utilizaban para las campañas, como el uso de la fake news o de sobornos para implicar a candidatos en escándalos de corrupción y prostitución.
Cambridge Analytica también está
relacionada con el Brexit. Una investigación de la periodista británica Carole
Cadwallard denunció el papel que tuvo la empresa en la decisión de Reino Unido
de abandonar la Unión Europea. Cadwallard definió como fraudulento el resultado
del referéndum del Brexit, alegando que fue manipulado por campañas de
desinformación en redes sociales (Facebook), que alimentaban a la gente más
persuasible con anuncios alentando al odio y contra la inmigración. Los
anuncios que protagonizaban las campañas mostraban imágenes de caravanas de
inmigrantes con mensajes preocupantes o carteles falsos que anunciaban la
entrada inminente de Turquía en la UE. Cambridge Analytica usó los datos de
usuarios de Facebook para localizar aquellas personas más manipulables a quien poder
lanzar estos mensajes.( La charla completa de Carole Cadwallard en TED sobre su
investigación se puede ver pinchando
en este enlace )
Cambridge Analytica se definía
a sí misma extraoficialmente como “agencia de modificación del comportamiento”.
Antes de las campañas de Trump en EEUU y Brexit en Reino Unido ya tenían
experiencia en otras partes del mundo como Trinidad y Tobago, donde trabajaron
para el Partido Indio (UNC). Allí trataron de aumentar la apatía entre los
jóvenes hijos de la oposición con la creación de campañas con eslóganes como “Do so! Don’t vote” (¡Hazlo! No votes)
para evitar que fuesen a votar. El movimiento se expandió a través de redes
sociales como Youtube y ayudó a conseguir la victoria del Partido Indio. La
compañía también participó en campañas políticas en Malasia, Lituania, Rumanía,
Kenya y Ghana. Tras el escándalo de Facebook, Cambridge Analytica cerró sus
puertas el 2 de mayo de 2018. Un documental de Netflix, The
Great Hack, resume este polémico caso.
Durante el proceso judicial de
Cambridge Analytica se planteó que los datos podían ser un “arma” y que los usuarios de Facebook cuyos
datos fueron robados eran “víctimas”. Los datos pueden ser una herramienta
fundamental para la comunicación de empresas y políticos hoy en día, sin
embargo este nuevo paradigma tiene un impacto negativo en la sociedad,
provocando su deshumanización. Kenneth
Cukier y Viktor Mayer-Schönberger tratan este enfoque del manejo de los datos
en “La revolución de los datos masivos”, donde defienden la responsabilidad
social de las empresas y la humanización del procesamiento de datos. Para las
empresas, no somos personas, somos
cifras cuantificables, y como cifras somos susceptibles de ser agrupadas y manejadas
cómo deseen aquellos que controlan el sistema.







